Mi experiencia en Bondi Beach
Intentar describir la sensación de ver por primera vez Bondi Beach en su completa extensión mientras el bus toma la curva final de Bondi Road, es casi imposible. Más si el día está perfectamente soleado, como suele pasar. La inmensidad de la playa, el color del mar y el cielo fundiéndose en el horizonte hacia el este, crean una pintura de acuarelas brillantes que te dejan pasmado. Eso fue lo que sentí la primera vez que vi este rincón en el mundo.
Vivir en Bondi, no es solo tener un lugar donde residir, es un estilo de vida. Es la conexión entre el descanso, la vida diaria, las noches de fiesta, y la playa y el mar como ejes de todo, el cable a tierra constante. Es comunidad, amigos y desconexión del mundo. Un pequeño lugar que tiene un poco de todo para que nunca te aburras.
Llegué cuando el invierno recién estaba empezando e ir a tomar mate frente al mar era una odisea (nota mental: siempre tener a mano una campera larga y muy abrigada). Pero eso no parecía detener a los australianos locales, que 6 am, tabla en mano, caminaban decididos al mar con nada más que el traje engomado hasta la cintura. O salían con su mat de yoga dispuestos a arrancar con energía su jornada. Mientras tanto yo, envuelta en un camperon, sentía congelarseme las manos repartiendo volantes por Hall Street a estos madrugadores incansables. Pues había que pagar las cuentas, y sobre todo el college. Ya que lo mío no era una Working Holidays, sino una cara visa de estudio que se llevaba el 70% de mis ahorros cada 3 meses. Cosas que pasan.
Igualmente, nada de eso impidió que me divirtiera a lo grande. Tan pronto como Septiembre asomó, los días fueron mutando con velocidad hacia el tan esperado verano. Por que si algo de bueno tiene la ubicación de Sydney en el mapa, es que el calor llega rápido y cuando menos lo esperas ya estás en malla, bikini o sunga (¿?) trotando a la playa. A mediados de Septiembre el color verde de mi piel invernal empezaba a mutar a un dorado con más onda. Tomar sol se vuelve un deporte en Bondi Beach, creanme. Y cabe destacar que la primera inmersión en el mar cuesta bastante, y nos recuerda lo lejos que estamos de la costa Atlántica. Esto es el Pacifico, ¡y es frio! La buena noticia es que después de varios intentos uno se acostumbra y ya casi se vuelve un australiano más (bueno casi).
La vida nocturna se empieza a poner cada vez mejor a medida que Diciembre se acerca. Desde las 5pm las calles cobran vida al mejor estilo after office. Siempre hay música, risas, ruido de copas, mucho helado y una sensación de vivir en eternas vacaciones.
La movida por la noche en Bondi tiene un cronograma semanal particular, que todos parecen seguir cual rutina de gimnasio. Los lunes y martes hay siempre música en vivo por algún bar en Campbell Parade. Los Miércoles llega el tan esperado Beach Road, pero no sin antes pasar por Mamasan a tomar unas copas y escuchar la banda del día. Los Jueves es el dia de Latin Jam, Jam Gallery, The Jam (o como quieran llamarle) en Bondi Junction donde le hacemos honor al perreo. Viernes, por favor duerman, o no, como prefieren, siempre hay algo abierto, como Hotel Bondi, que te hace el aguante hasta las 4am. Los Sábados, Jam Gallery abre sus puertas una vez más, para los que no llegaron el jueves o los que quedaron manijas. Ahora si, por fin domingo, nada mejor que una barbacue frente al mar con amigos y dormir una siesta eterna. Estas son solo algunas opciones según mi experiencia, pero lo que es seguro es que siempre hay algo para hacer. Y sino, una linda cena entre amigos siempre es bienvenida, y para mi, es las mejores formas de pasar las noches. Entre repulgues de empanadas, fernet y risas compartidas.
Pero más allá de los dias playa y las noches de fiesta, lo lindo de Bondi es la gente. Los amigos que uno hace, la comunidad que se genera ni bien llegas y la buena vibra que inspira el ambiente y sus habitantes. Si les tengo que dejarles un consejo, es este: Disfruten Bondi todo lo que puedan, pero también vivanlo tal cual es. Respétenlo. Respeten sus playas, respeten los horarios y las costumbres de los locales. Eso también forma parte de entender y ser parte de un lugar. Eso también es realmente vivirlo. Porque a eso vamos ¿no? A vivir.
